Como ya hay suficientes biografías, monográficos y rarezas sobre el gran Jack Pierce, maquillador jefe y máximo responsable del look de los monstruos de la Universal, nosotros vamos a dejar que las imágenes hablen y ver al maestro en su estudio. Trabajando con los iconos del género -famosas son sus peleas con Lon Chaney Jr.- y haciendo mágia con sus útiles de maquillaje. Asi hacemos fuerte presencia de una de las productoras de cine que más influyeron en la creación del horror como género, y a la que teníamos un poco olvidada en esta página. Especial mención al excelente blog Invasores Espaciales , de donde provienen la mayoría de las imágenes.
















miércoles, 11 de marzo de 2009
JACK PIERCE (IMÁGENES DEL HACEDOR)
Publicado por Igor Von Slaughterstein en 13:07 14 “Gooble gobble, one of us!”
Etiquetas: Imágenes Escalofriantes
jueves, 5 de marzo de 2009
LA LEYENDA DE VANDORF [The Gorgon] (1964) De Terence Fisher
Nos situamos a mediados de los años sesenta. La Hammer ya ha apuntalado su dominio absoluto como nueva productora adalid del terror en cine, y casi todos los grandes mitos del fantástico que popularizó la Universal ya han pasado por sus manos. Una nueva moda de científicos locos y vampiros que, esta vez, venían envueltos por una visceralidad y violencia poco habituales para la época, pero añadiendo además el pulso romántico y trágico que tuvo en Terence Fisher a uno de sus mejores practicantes. Revitalizadas de nuevo las franquicias de “Drácula” y “Frankenstein” (además de excelentes incursiones únicas en los mitos del hombre lobo y la momia), el estudio decidió crear algo nuevo con una serie de historias que aun hoy en día resultan originales y emocionantes. La idea básica fue insertar monstruosas amenazas de otras latitudes y géneros, en la Inglaterra de finales del siglo XIX y primeros del XX, esa época llena de hipocresía y represión que la Hammer había reflejado tan deliciosamente en sus anteriores films. Podemos decir que uno de los principales artífices de este nuevo tipo de “monstruos” fue el realizador John Gilling, que aquí dejó impronta en el guión y dirigió aparte “La Plaga de los Zombies” y “El Reptil”, en lo que algunos califican de “trilogía” junto a “La Leyenda de Vandorf”. Sin embargo hay múltiples diferencias entre la aproximación de Fisher a este mito extranjero y la de Gilling. Sobre todo diferencias de tono y lenguaje cinematográfico, que iremos viendo a lo largo de este artículo. Y en cuanto al reparto, esta es otra de esas felices ocasiones en las que Peter Cushing y Christopher Lee se reúnen en pantalla.Así pues, el guión de Gilling comienza al más puro estilo “Psicosis” con un personaje, el profesor Jules Heitz que creemos va a ser el protagonista, pues viaja al condado de Vandorf buscando aclarar el ajusticiamiento de su hijo, pero que acaba siendo víctima de “La Gorgona” a los pocos minutos de metraje. Esa es la razón de que su otro hijo, Paul (interpretado por un soso Richard Pasco) viaje a su vez a dicho pueblo para investigar el asunto, y allí experimente el mismo rechazo que sufrió su padre a manos de los lugareños, que no desean remover el misterio de ese ser mitológico que parece hechizar una de las mansiones en ruinas de la comarca. Allí trabará amistad con el Dr. Namaroff (un enigmático Cushing) y, sobre todo, con su asistente, Carla, interpretada por la estupendísima –en todos los aspectos- Barbara Shelley. Una especie de triángulo amoroso entre estos tres personajes tendrá lugar mientras no paran de aparecer cadáveres convertidos en piedra y la investigación de los mismos es supervisada desde su despacho en Leipzig por el tutor de Paul, el profesor Meister –un divertido Christopher Lee-. Además de en los habituales manierismos estéticos de Fisher, su impronta melancólica se deja notar en esa sutil relación romántica entre los protagonistas principales, llena de tristeza y silencioso sufrimiento. Uno de los principales motores de una trama que nos presenta un misterio quizás fácilmente adivinable, pero que no por ello deja de ser disfrutado en sus recovecos y hallazgos estéticos. Y por supuesto encontramos también muchas de las constantes de los films Hammer, como esa eterna batalla entre razón y superstición; o esa amenaza de extraña naturaleza –y de distinta geografía en este caso- que turba la plácida y convencional existencia de una sociedad conservadora. No importa que no quede muy claro que hace esa encarnación de una mítica Gorgona en una población alemana, sino su valor amenazante y simbólico. La fotografía y la música son, como es habitual, soberbias.
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Las interpretaciones son soberbias, especialmente las de Cushing y Shelley –ambos muy sutiles y dejando ver entre líneas mucho más de lo que sus diálogos reflejan-, que le dan un toque oscuro al extraño romance a tres que nos presentan. Hay quien ha criticado la aparentemente sosa interpretación de Cushing, pero él puso las cosas en su sitio declarando que su Namaroff era un hombre “reservado y cerebral; tímido, bastante alicaído y sin mucho de que hablar”. Lee, en cambio, despliega todo su carisma interpretando al “Van Helsing” de turno y suyos son algunos de los momentos más divertidos de la cinta. La inversión de papeles en este film –no olvidemos que Cushing solía ser el héroe y Lee el villano-, deja nueva constancia de la versatilidad de ambos actores. Una anécdota sobre el rodaje se refiere a la afición de los dos divos y de la señorita Shelley por la ópera, lo que les llevó a salpicar la filmación con momentos en los que se ponían a cantar a viva voz, y tanto ruido formaron que hubo quien le pidió a Fisher que les mandara callar.
En cuanto a la atmósfera creada por Fisher es tan envolvente y colorista como cabría esperar, si bien en este caso su juego de cámaras es más sutil de lo acostumbrado. Como apunta Juan Manuel Corral es posible que ante la cochambrez del monstruo (una figuranta de nombre Prudente Hyman repintada con toques verdosos y ojos estrambóticos), Fisher prefiriera ocultar a la criatura de la mirada del espectador en buena parte de sus apariciones. Lo cierto es que gracias a eso disfrutamos de algunos inquietantes planos de la Gorgona acechando a escondidas o fundiéndose con la sombras de una forma que hace que, cuando al fin aparece, su presencia sea aun más terrorífica. De gran mérito es la escena en la que el protagonista se mira en el reflejo de una fuente en el exterior de su casa y la amenazadora silueta del monstruo se ve relejada en el agua. Un perfecto ejemplo de una planificación excelente para infundir el miedo en el espectador sin necesidad de efectismos ni sangre. Aunque el mayor grado de emoción se da en los minutos finales que, como suele ocurrir en todo el cine de Fisher, son inesperados, rápidos y muy viscerales. Tenemos un duelo con sables que por lo visto fue coreografiada por el propio Peter Cushing, en la línea de aquella ocasión en que él mismo aportó ideas para la pelea final del primer “Drácula” hammeriano. Y ya para culminar la sinfonía gótica de horrores, una apabullante entrada de la Gorgona que hará culminar la sinfonía de romance, goticismo y muerte a la que hemos asistido. Majestuosa y brillante, como siempre que concurren los talentos citados.
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¡Y otro premio amigos! El imprescindible blog del señor Pons me ha otorgado el premio amigable en el que es ya el tercero de estos reconocimientos que brindan a mi humilde blog. Aqui solo aspiramos a entretener, hablando de un tema que nos fascina a muchos y esos premios son la prueba de que hay gente que aprecia este rinconcito. Así que muchas gracias de nuevo y seguiremos al pie del cañón. En cuanto a lo que tengo que contestar:
-Contar 3 cosas que nunca hayas hecho pero te gustaría hacer.
1) Visitar Rumania
2) Disfrazarme de Sherlock Holmes
3) Hacerme una foto con Michael Caine
-Contar 3 cosas que nunca hayas hecho y que JAMÁS harías.
1) Escuchar la discografía de "La Oreja de Van Gogh"
2) Dejar de ver "Perdidos" (y mira que lo pone dificil la maldita serie XD)
3) Dejar de tener cosas pendientes.
Ahora debería premiar a otros tres blogs pero son tantos buenos que necesitaría tiempo, así que me lo pienso.
Publicado por Igor Von Slaughterstein en 13:08 11 “Gooble gobble, one of us!”
Etiquetas: Reseñas Fantasmagóricas
lunes, 2 de marzo de 2009
LA HIJA DEL MEDICO Y LA BESTIA [Daughter Of Dr. Jekyll] (1957) De Edgar G. Ulmer
Una de esas buscadas rarezas recientemente editada en nuestro pais por L´atelier 13 y que resulta interesante para completistas, que si son fans de Edgar Ulmer –como yo- pues mejor que mejor. De hecho el guión es tan sumamente ridículo y tópico que incluso los aficionados más hardcore al cine de serie B clásico tenemos que hacer un esfuerzo sobrehumano para dejar pasar determinados momentos que, eso sí, aparecen envueltos entre varias “set pieces” de atmósfera realmente lograda. Y es que una historia que se presupone deudora del gran clásico de Robert Louis Stevenson y al final acaba más parecida a un refrito “licantrópico” de segunda –con el inevitable “whodunit”-, no puede más que dejarnos el poso de insatisfacción de lo que pudo haber sido y no fue. Y encima resulta que estamos ante una secuela apócrifa de otra secuela apócrifa. El guionista Jack Pollexfen apadrinó seis años antes una supuesta segunda parte cinematográfica del clásico de Stevenson titulada “El Hijo Del Dr. Jekyll”, con Louis Hayward, por lo que el film que nos ocupa es una nueva incursión en la, por lo visto, numerosa progenie del susodicho Dr. –¡y eso que en Stevenson no llegó ni a
casarse!-.
Comenzamos con un bochornoso prólogo en el que un texto nos advierte de que estamos ante una historia deudora del “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, para a continuación decir que dicha obra contaba la misteriosa transformación de un “doctor benévolo en Mr. Hyde… un hombre lobo” (¿?). Si a eso unimos la imagen en perfil del susodicho hombre lobo que vuelve su peludo rostro lentamente para hacer un chascarrillo a la platea, podemos afirmar que estamos ante un comienzo lleno de comicidad involuntaria. Tras esto conocemos a Janet Smith (interpretada por la inquietante belleza de Gloria Talbott) que vuelve a su Manderley particular en el campo al cumplir la edad adulta, para ser recibida por su tutor, al que da vida Arthur Shields. Acompañada de su prometido –junto al que desarrolla la habitual relación pastelosa imprescindible en estos productos-, allí descubrirá su misterioso legado. Primero una sustanciosa herencia, a la que por supuesto no pone ninguna pega y después, la macabra posibilidad de haber heredado la capacidad de transformarse en ese Hyde-Lobo que, casualmente, comienza a aparecer de nuevo en las noches de luna llena. Una Janet con un sentimiento de culpa cada vez más acusado y un grupo de miembros de la comunidad más que dispuestos a lincharla para erradicar el retorno de la maldición serán el plato principal que precipitará la historia hacia su concusión. En el camino habremos bostezado un par de veces.
Y a pesar de todo, hay que destacar la escenografía de Ulmer, que consigue el ambiente propicio con los tópicos elementos de siempre –nieblas, árboles retorcidos, siniestros senderos que rodean la vetusta casa-, sin perder el encanto de dichos escenarios. Por ellos se pasea una alucinada Gloria Talbott que no deja de despertarse por las mañanas con signos de haber pasado toda la noche fuera y con sangre en sus manos, para a continuación descubrir… ¡En efecto! Que esa misma noche se ha cometido un nuevo asesinato del Sr. Hyde lobuno. La estructura de maldición familiar licantrópica nos retrotrae a “The Undying Monster”, pero el suspense con falso culpable es un eco de “La Mujer Lobo de Londres” de la Universal, con la que esta pelicula guarda más de un punto en comun. Nos quedamos, en fin, con esas escenas oníricas en las que la atormentada heredera se ve a si misma sonámbula y transformada en una mujer de rostro hosco que persigue muchachas a través de las neblinas del páramo. En esos momentos no es Talbot la chica que vemos atacando, porque como dijo ella: “Creo que pensaban que no podía convertirme en una criatura sexy y demoníaca; que hubiese hecho falta mucho tiempo y maquillaje”. Asi que otra actriz realizó estas escenas. Tenemos también otro momento para el recuerdo hacía el final, cuando los habituales piquetes -¡Que pesados!- se dirigen a la mansión para acabar con el monstruo, y este se cuela en la habitación de una chica que se está cambiando de ropa. El asesinato, breve, fuera de cámara y resuelto con unos elegantes encadenados, nos recuerdan que Ulmer realmente es un buen director… que simplemente tuvo un mal día.
Publicado por Igor Von Slaughterstein en 2:13 11 “Gooble gobble, one of us!”
Etiquetas: Reseñas Fantasmagóricas
jueves, 26 de febrero de 2009
ENTREVISTA A MARIO BAVA (1976)
Aquí tenéis la traducción de una breve pero interesante entrevista al maestro del horror italiano, Mario Bava. Fue registrada en Roma en mayo de 1976, en el marco del “Fantitalia XIV”, un festival internacional de cine fantástico celebrado en Trieste. Como decimos no es muy extensa, pero en ella apreciamos toda su ironía y afán desmitificador –Bava acostumbraba a ser su mejor crítico, y solía ser devastador-, además de su amor por el cine.
¿Cómo comenzó su carrera?Mi padre, siempre con su corbata y gorra revolucionaria, estilo Rafael, fue el prototipo de artista bohemio. Fue pintor, escultor, fotógrafo, químico, electricista, médium, inventor. Le dedicó años al estudio del movimiento. Hacia 1908 por un curiosa historia, desgraciadamente demasiado larga de contar, conoció el cine. Se decidió a darle una patada al pasado y empaparse de ese nuevo arte, convirtiéndose en “operador” (ahora se dice director de fotografía). Años después, entre un encuadre, un modelo y un puñado de hiposulfito yo llegué al mundo. Digamos que crecí envuelto en celuloide de cine. A los tres años jugaba con restos de cianuro de potasio, de los que me gustaba su color rojo rubí, y los alternaba con los gránulos blancos del hiposulfito sódico. A mi padre nunca se le pasó por la cabeza que yo corriera peligro de envenenamiento. Yo sabía que era veneno, así que no debería haberme manchado tanto los dedos con aquello. El cianuro y el hiposulfito hicieron una mezcla química que mi padre tuvo que eliminar frotándome las manos con un pañuelo mojado, frotando las emulsiones sobre la pila de la cocina y procurando que las gotas de residuos no acabaran en la ensalada.

A aquellas experiencias mías en la bodega de mi padre –y digo “bodega” en el sentido que le daban los pintores del renacimiento-, debo mi sentido artesanal de hacer cine. Hicimos de todo y siempre pensando en el resultado obtenido más que el dinero que obtendríamos con todo ello. Las raíces de mi amor-odio por los trucaje propios del cine se remontan a aquel tiempo y a aquellas experiencias.
¿Pero cuando vino su prueba de fuego?
Yo también me convertí en operador e intervine en unas cincuenta películas, trabajando con muchísimos directores: Desde Franceso De Robertis –un verdadero genio; el verdadero inventor del neorrealismo- a Mario Soldati, otro genio, quizás demasiado erudito para hacer cine. Y muchos otros entre estos dos polos opuestos, también de los más mediocres (los más deficientes) se puede aprender mucho sobre lo que debes hacer y en especial sobre lo que nunca debes hacer. Pero ahora, pensándolo con perspectiva, creo que no aprendí esta última lección demasiado bien. De aquí pase a la dirección de largometrajes, más por una sucesión de acontecimientos que por iniciativa propia, y debuté en la realización con “La Máscara del Demonio” , adaptación de un cuento de Gogol que se llama “El Vij”. Naturalmente el genio de los guionistas, entre los que me incluyo –excesivamente creativos, quizás-, propició que de Gogol no quedara absolutamente nada en el film.
En todo caso la película tuvo un gran éxito en America y ahora estoy un poco obligado a debatirme entre vampiros, monstruos y brujas. ¡Yo! Que soy una persona templada y más bien miedosa, que no mataría ni a un simple mosquito debido al sagrado respeto que guardo por cualquier forma de vida, tengo que ser el barquero de un lago de sangre lleno de vampiros y muertos flotando (Risas).
¿Qué cosas han cambiado en el cine de terror actual? ¿Se realizan las películas de la misma forma que hace 10 años?
No, ciertamente no. Al igual que dentro de 10 años en el futuro no se realizarán como ahora y dentro de 20 no se harán igual que en los 10 anteriores. En todo caso, es curioso como el pasado más cercano nos hace reír, mientras que el pasado más remoto nos excita y nos conmueve. 
Usted ha rodado con actores como Barbara Steele, Barry Sullivan, Boris Karloff o Christopher Lee. ¿Cuál sería su favorito?
Recuerdo con afecto únicamente a Boris Karloff: un hombre dulce, sobrio, educado, modesto y bueno. Bueno hasta el punto de ser casi increíble.
¿Qué es lo que prefieren los aficionados al cine de terror de estos días?
No soy una agencia de publicidad, así que no tengo absolutamente ni idea de lo que quiere la gente. Y a veces las agencias de publicidad también se equivocan.
¿Por qué cree que los americanos y los franceses aprecian más su filmografía que sus compatriotas italianos?
¡Porque son más tontos que nosotros! (Risas)
Hablando de su último film “La casa del Exorcismo” (“La cassa dell´esorcismo”), rodado en España…
“La cassa dell´esorcismo” no es un film mío, aunque lleve mi firma. Es la típica situación, demasiado larga de explicar, en que un padre cornudo se encuentra con un hijo que no es suyo. Pero lleva su nombre, así que no puede hacer nada.
¿Algún deseo para el futuro?
Un ataúd lleno de sangre en el que poder descansar en paz, pero del cual se me permita salir por las noches… ¡Para morder en el cuello a las películas que he hecho! (Risas).
[NOTA AL PIE: Como muchos sabréis, “La Casa del Exorcismo” es el nuevo montaje que se le realizó a “El Diablo se Lleva a los Muertos” (Lisa E Il Diabolo), un film de Bava estrenado en Italia en 1972 con Telly Savalas y Elke Sommer. Queriendo aprovechar la moda iniciada por “El Exorcista” de William Friedkin y deseosos de estrenar internacionalmente la película, los productores eliminaron 20 minutos del metraje de Bava y añadieron 15 nuevas escenas de posesiones, vómitos y blasfemias estilo Linda Blair a las que Bava se opuso. Al final se desentendió del nuevo montaje –que apareció firmado por Mickey Lion- y “The House Of Exorcism” llegó a estrenarse en America, con un lógico y enorme fracaso de crítica y público.]
Publicado por Igor Von Slaughterstein en 6:22 17 “Gooble gobble, one of us!”
Etiquetas: Horror Stars
domingo, 22 de febrero de 2009
KÖRKARLEN [The Phantom Carriage] (1921) De Victor Sjöström
“Ustedes no tendrán miedo a los espíritus, ¿Verdad, caballeros? Entonces me gustaría contarles una historia, mientras esperamos a la medianoche”
De nuevo nos situamos casi en los albores del cine para hablar de la que muchos consideran “la primera película de horror de la historia”. Una afirmación quizás algo precipitada si escarbamos un poco en la arqueología del género, pero sin duda es una de las primeras muestras de un film de larga duración enteramente dedicado al fantástico macabro y lleno de algunos “clichés” fantasmagóricos del estilo que ayudarían a crear los expresionistas alemanes. “Körkarlen” (que significa “El Conductor”) es un muy estimable y atmosférico film rodado en Suecia, por el director y actor Victor Sjöström, uno de los grandes pioneros del cine sueco, que posteriormente trabajaría también en America, dirigiendo films tan míticos como “El Viento” (1928) con Lillian Gish. Sjöström también protagoniza el film que nos ocupa y desarrolla una trama casi propia de un desvarío onírico basada en la leyenda del carro fantasma que se lleva las almas de los recién fallecidos. Tan sugerente punto de partida se incrusta sin problemas en un entorno realista: la dura vida de los campesinos suecos a primeros de siglo, resultando por tanto más aterradora la inclusión de ese fantasmal carruaje del que ningún difunto puede escapar. Dicha metáfora le sirve a Sjöström para reflexionar sobre las oportunidades perdidas de la vida. Pero no adelantemos acontecimientos.
La historia se basa en una novela de la escritora Selma Langerlöf, la primera mujer que ganó el premio Nobel de literatura y que dentro de su variada obra incluyó muchos cuentos fantásticos evocadores de la “ghost story” anglosajona, pero con el toque realista de su perspectiva localista. Como adelantábamos “La Carreta Fantasma” usa una leyenda sueca referida a ese carro fantasma del título en ingles. Si alguien muere en la víspera de año nuevo, será condenado a convertirse en el nuevo conductor del carro. Ese parece ser el destino de uno de los borrachos que espera la noche de año nuevo en un siniestro cementerio, el cual comenzará un viaje de pesadilla a bordo del carruaje y se dará cuenta de su mezquindad. Esta trama recuerda mucho al famoso “Cuento de Navidad” de Dickens, pues el personaje de Sjöström también es un ser despreciable que no deja de hacer daño a los suyos, incluyendo a su maltratada esposa y a un amigo que durante el film descubrimos que es el actual conductor del carro maldito. Si unimos esto a la subtrama de su amiga del ejercito de salvación que agoniza en una cama mientras no cesa de decirle a Holm (nombre del protagonista) que vuelva “al buen camino”, no hay duda de que estamos ante un típico cuento moralista de los que han envejecido tan mal hoy en día. Pero a la vez, las increíbles dotes narrativas de Sjöström, casi inauditas para la época en la que se realizó el film, y esas transparencias fantasmales en las apariciones del siniestro cochero, anticipan muchas de las soluciones visuales que embellecerían el cine de terror, aun por nacer. Los recovecos del argumento, como decimos no se caracterizan por su originalidad, pero hay momentos especialmente emocionantes: las escenas de acoso por parte del borracho a su esposa, llenas de violencia irracional (ver el genial momento en que rompe a hachazos una puerta intentando alcanzarla, que inevitablemente recuerda a “El Resplandor” de Kubrick) o la conmovedora relación con la postrada monja, que descubrimos que siente por su “oveja descarriada” algo más que piedad. Todo ello, como decíamos, inserto en un tono lóbrego en el que el horror se deja sentir más en las miserias de una época condenada a crear pobreza y desasosiego en un pueblo azotado por la enfermedad, antes que en las apariciones del fantasma del carruaje.

Pero esas apariciones son, en efecto, memorables. Los tintados azulados entremezclados con el sepia ayudan a dar la impresión de estar ante una pesadilla que bien pudiera haber sido provocada por el delirio de un alcohólico. Las transparencias con las que siempre se nos muestra al siniestro cochero evocan, como decíamos, a los posteriores fantasmas cinematográficos, y en su siniestro viaje a través de la noche veremos episodios llenos de inquietud como esa maravillosa escena del suicida a punto de quitarse la vida en su gabinete. Extrayendo la pistola de un cajón y jugueteando con ella sobre la mesa. Todo ello envuelto en una macabra fotografía que juega a intercalar horror y tranquilidad, sueño y pesadilla. Realidad y fantasía, cuya lucha es, al fin y al cabo, el gran núcleo de lo que se nos cuenta. ¿Será posible la redención para el protagonista?
Como curiosidad, hay que mencionar la admiración que sentía Ingmar Bergman por Sjöström y por este film en concreto, que el laureado director confesó haber visto a la temprana edad de 15 y que seguía revisando todos los años al menos una vez. Esa pasión tuvo un perfecto ejemplo en el año 2000 cuando Bergman estrenó su film “Creadores de Imágenes”, que cuenta la historia del rodaje de “La Carreta Fantasma” a través de la relación entre el director y la escritora del relato original.
Publicado por Igor Von Slaughterstein en 10:42 13 “Gooble gobble, one of us!”
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lunes, 16 de febrero de 2009
LOS INTRUSOS [The Uninvited] (1944) De Lewis Allen
“No es que haya más fantasmas aquí que en otros lugares. Es solo que los lugareños de esta zona son más conscientes de ellos”
Esta frase forma parte de la evocadora narración que abre “The Uninvited”, a cargo de la voz en off del protagonista Ray Milland. Muestra inaugural de lo que podríamos llamar películas de casa encantada “en serio”, “Los Intrusos” es un estupendo film de horror clásico con toques de suspense que, sin llegar a los niveles de excelencia de films como “The Haunting”, su marchamo moderno –para la época- a la hora de afrontar los fenómenos sobrenaturales que acosan a los personajes, la
convierten en una rareza de gran valía. Una joya inédita que en España era casi desconocida hasta que finalmente se recuperó en los tardíos años 90, y que no gozaba de una edición en DVD hasta la aparición del segundo pack de “Grandes Clásicos del Terror” a cargo de L´atelier 13. Una vez que la hemos revisado debidamente, es hora de hablar de ella en esta otra “casa encantada”. La historia sigue a la pareja de hermanos interpretada por Milland y por Ruth Hussey, que deciden instalarse en una hermosa mansión en lo alto de una colina. La casa ha llamado poderosamente su atención mientras paseaban por una bella zona de la costa inglesa a la que llaman “las orillas encantadas”. Tras conseguirla a muy buen precio, a pesar de las habladurías sobre una tragedia ocurrida en el lugar varios años atrás, se instalarán de inmediato. En contra de la voluntad de la hija de la anterior dueña –interpretada por Gail Russell, cuya belleza fue bien explotada por la Paramount en la campaña promocional-, que, aun así, pronto se sentirá atraida por el personaje de Milland. Al mismo tiempo, extraños fenómenos comienzan a perturbar la paz de la silenciosa morada y una misteriosa trama con posibles asesinatos además de posesiones de ultratumba comenzará a desarrollarse.
El proyecto nació como una iniciativa de la Paramount por unirse al terror atmosférico que hoy ya no podemos dejar de unir a los años 40. El germen se encuentra en la novela de título original “Uneasy Frehold” escrita por Dorothy Macardle, historiadora y afín a la causa irlandesa –amiga íntima del mimísimo Eamon de Valera. Una novela de suspense y espectros que se reeditó en America con el título que popularizó la película y que encajaba como un guante en la década que vió nacer los clásicos filmicos de Val Lewton y otras apreciables muestras como “The Woman Who Came Back”. Fue una época en la que se nos regaló el primer intento de hacer horror psicológico serio, alejado de los cánones de la Universal, empeñada en estos años en explotar una y otra vez los monstruos clásicos en secuelas y refritos. Y aun más meritorio es el caso de “Los Intrusos”, pues casi por primera vez en la historia del cine de terror, observamos un intento por acercarse a los verdaderos fenómenos sobrenaturales que se suelen discutir en el polémico campo del esoterismo. Los hechos que comienzan a poner nerviosos a los hermanos tienen su reflejo en la vida real, con una habitación en la casa cuya temperatura es anormalmente fría –que después descubrimos perteneció a la difunta-, o ese perro de la pareja que ladra al vacío y tiene un sexto sentido para los espectros, sin olvidar el misterioso aroma a flores –el perfume favorito de la anterior inquilina- que precede a las apariciones del fantasma.

Más importantes son estas innovaciones si tenemos en cuenta que la verdadera irrupción de la terminología ocultista en los filmes de casa encantada no tendría lugar hasta la adaptación 20 años más tarde de “The Haunting” la novela de Shirley Jackson a cargo de Robert Wise. El espectro en sí es quizás lo más cinematográfico del film, siendo una neblina brumosa con forma humana que se pasea moviéndose de forma inquietante. Parece ser que Allen no tenía intención de mostrarlo en los inicios del proyecto, pero que fue la propia Paramount la que insistió en incluirlo en un caso parecido al de Tourneaur y su monstruo de “La Noche del Demonio”.
Pero como decimos, el valor de esta propuesta se mide en ser el primer film que se toma las casas encantadas con seriedad, ya que las anteriores muestras eran más bien comedias macabras –en las que los fantasmas eran parodiados- o bien eran parte de una trama de suspense en la que los espectros eran una pantomima creada con alguna intención criminal (caso de “El Legado Tenebroso” de Paul Leni). Aquí en cambio aparecen muchísimos elementos posteriormente retomados en el cine de “encantamientos” moderno: Nuevos inquilinos que encuentran una casa anormalmente barata, extraño misterio que la envuelve, fenómenos tenues que poco a poco se convierten en aterradores, espectros que poseen a alguna persona con la intención de cumplir una venganza, incluso la clásica sesión de “quija” para comunicarse con los perturbados espiritus… y no podemos olvidar que “Los Intrusos” incluye un interesante enigma: ¿Es el espectro realmente el de la anterior inquilina y madre del personaje de Russell… o es alguien menos benigno? El misterio evoca la “Rebeca” de Hitchcock en el tema de la presencia femenina que sigue encantando una mansión, aunque en este caso el encantamiento no es solo metafórico.
Los actores están todos impecables en sus papeles y logran darle un toque de ironía inteligente a la historia. Aquí no tenemos secundario gracioso –y abofeteable-, como era la norma en el terror de la época, sino que todos desarrollan el suficiente encanto como para hacer la historia más ligera sin insultar la inteligencia del espectador. La realización de Allen, detallista y atmosférica, nos introduce de lleno en el cuento como si fuéramos uno más de los inquilinos de la mansión, en parte gracias a la estupenda fotografía de Charles Lang (que optó al oscar por ella) y también a la sucesión de imágenes neblinosas, oscuras y llenas de sonidos y susurros perfectamente ubicados para provocar cierto escalofrío en el espectador, a pesar de los años transcurridos desde su estreno. Ejemplos son ese plano de las flores que se marchitan de forma misteriosa, o los terroríficos sollozos del espectro, los cuales sirven tanto para que los personajes hagan un tétrico recorrido por las escaleras de la casa –acrecentando nuestra inquetud-, como para dejar caer alguna muestra de comedia en el personaje de Milland –que primero afirmará no temer al fantasma y que acabará escondiéndose bajo su sábana como si fuera una colegiala al escuchar los lamentos-. Otros momentos destacables son la mencionada sesión de “quija” en la que Stella se descubre como toda una médium al comenzar a hablar con la voz de un fantasma, y en español además (parte de la trama de misterio que no revelaremos), o ese otro momento en el que los acantilados estan a punto de ser la tumba de uno de los personajes poseidos, y que convence a Milland de que las intenciones del espectro son de todo menos buenas.
En suma, una película muy recomendable para todo tipo de aficionados al fantástico-clásico o de cualquier época- y que emocionará en especial a los habituales del horror vetusto, que todos sabemos que nos encanta reunirnos en casas como esta.
Publicado por Igor Von Slaughterstein en 6:33 15 “Gooble gobble, one of us!”
Etiquetas: Reseñas Fantasmagóricas



